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martes, 6 de diciembre de 2011

Nos vamos, corazón.

Nos vamos, corazón.

Recoge todas tus cosas. Empaqueta tu alma, hiela tu mirada, congela los recuerdos, mantente firme. No mires atrás.


Incluso debes cojer todo aquello que él nunca quiso. No sabes cuando lo necesitarás. Pronto no brotarán más lágrimas, pues no te quedarán razones para llorar.


Cíñete la coraza, desenvaina el coraje.


Sonríe. Por todos esos minutos que gastaste y que hoy son para ti.


Precisamente cuando crees que no te queda nada, es cuando verdaderamente optas a obtenerlo todo.

Inspirado en un texto de Turandot.

sábado, 23 de abril de 2011

23 de Abril

Y así es como llegó el día indicado y San Jorge partió en busca de un destino que ya conocía. Pues estaba escrito que él daba muerte al dragón y se casaba con la princesa.

Así fue como San Jorge llegó al pueblo. Cabalgaba en un hermoso corcel blanco, vestía armadura y sostenía una larga y afilada espada. No tardó en encontrar el castillo y ver al dragón. Enorme, temible, de larga cola y afilados colmillos. Y le dio muerte, pues era bien conocida la destreza del caballero.

Rápidamente entró al castillo e imaginaos cuál fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que éste estaba vacío. Ni rastro de la princesa. Frustrado y confuso San Jorge volvió al centro del pueblo y, para su sorpresa, no fue bien recibido.

Los aldeanos lo miraban furiosos. Uno se le acercó y cuando le preguntó por la princesa éste le contestó:

¿La princesa? Se marchó. Cansada de esperar a que llegara el día en que iba a ser salvada decidió coger las riendas de su propio destino. Un buen día se armó de coraje y decidió sortear al dragón. Pudo darle muerte, puesto que se hizo con una buena espada. Pero el derramamiento innecesario de sangre no iba con nuestra princesa. Al fin y al cabo aquél era un buen dragón. Daba de comer al pueblo, puesto que mucha gente venía hasta aquí solo para verlo.

¿Qué dónde está ahora la princesa? Quien sabe. Unos dicen que se marchó a la ciudad y ahora es la orgullosa dueña de una posada, otros que se fue a un pueblo cercano, se enamoró de un aldeano y ahora vive una vida modesta pero feliz. Otros incluso dicen que la emoción de escapar del dragón hizo crecer en ella la aventura y ahora rescata caballeros en apuros.

En tal caso, no está aquí. Llegas muy tarde caballero. Así que vete, coge tu estúpido valor, tu afilada espada, tu caballo y márchate. Pues no queda nada aquí para ti.

San Jorge se marchó sin entender muy bien la situación. Parecía que las cosas habían salido horrorosamente mal. Y eso que el había cumplido su papel a la perfección...

Y es que parece ser que ni el los cuentos las princesas esperan por siempre.

martes, 18 de enero de 2011

El sonido del silencio

- No te entiendo – dijo, rompiendo el silencio inicial.

Volvían a estar en el mismo lugar. La misma sala que albergaba otros tantos recuerdos. El escenario era el mismo y, sin embargo, los actores eran ligeramente diferentes. Ella ya no era la misma. Y él era un actor que se había quedado sin papel hacia meses y que volvía a pedir explicaciones. ¿Qué más podía decirle? Simplemente, no encajaba. Suficientes lágrimas le había costado a ella aceptarlo. Pero había deseado tanto que si lo hiciera...

- De verdad, no logro entenderte.

El reiterado sonido de su voz la hizo salir de su ensimismamiento. De pronto se sintió como una tonta. Debía de llevar más de un minuto allí plantada, viendo a través de el, pensando. Por un momento había vuelto a dudar. Pero la decisión ya estaba tomada, no había vuelta a atrás. Sabía que debía hacer.

Compuso una media sonrisa.

- Y no espero que lo hagas. Ya no. - confesó, mientras hacia un ligero movimiento de negación con la cabeza.

Las palabras sonaron amargas, sin bien no era lo que ella pretendía. También sonaron a final, a últimas palabras del guión que no hace tanto compartían. Y entonces volvió el silencio. Un silencio acompañado solo por el sonido de sus pasos al marcharse, pues instantes después de pronunciar las palabras que cerraban la historia ya se alejaba por las escaleras que la llevaban a la última planta.

Tac tac tac. Decían sus tacones, asemejándose a las manecillas de un reloj. Tac tac tac.

domingo, 18 de abril de 2010

Despertar

El sol entró por la ventana de Anna, se coló a través de las cortinas y fue a dar en su rostro. Le gustaba desperarse así, almenos... antes le gustaba. Ahora el sol entraba y solo le recordaba lo mucho que iba a costarle levantarse. Últimamente no hacia más que llorar. Lloraba por dentro y a todas horas, incluso cuando no tenía otro remedio que tragarse sus propias lágrimas.
Lo había dado todo. Se había esforzado por ser todo lo que él había soñado. Lo peor era que no había sido suficiente. Todo aquel esfuerzo no le habría importado si hubiese sido suficiente. Ella no pedía nada, solo quería sentirse querida. Y había sido en vano, la había dejado, le dijo que no era su culpa, que era cosa de él. La típica excusa pensaba ahora, mientras apartaba las sábanas para comenzar un nuevo día que, desde hacia meses, carecían de significado y se le antojaban vacíos.
Sabia que María estaba preocupada por ella, eran amigas desde hacia muchos años y odiaba verla así. Siempre intentaba animarla, por ese motivo no se sorprendió al verla llegar a su piso aquella mañana. Hacia ya dos horas que se había marchado y todavía podía oír en las paredes el eco de sus palabras.

"Deberíamos esforzarnos por ser mejores por nosotras mismas. De esa manera, nadie podrá llevarse lo que eres. Serás dueña de ti misma."

En aquel momento había cerrado los ojos y se había esforzado en pensar un nuevo motivo por el que levantarse al día siguiente.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Confidencias

Mientras hablábamos de la situación que mantenían desde, hacia ya, más de un mes, me decia...
"Solo espero que si ella no me quiere ya y nunca mas voy a estar con ella... que se me pase esto por dios, que se me pase pronto
. Porque te juro que un dia voy a explotar".
¿Cuántos nos habremos encontrado en la misma situación? Yo incluida... y no es una lista en la que le guste estar a nadie. Con todo esto he recordado una historia que leí, que dice así.

"La brisa helada araña las lunas de los coches, balancea las hojas de los árboles, golpea las ventanas de las casas, se cuela bajo los portales de las fincas dormidas.
La calefacción del automóvil aparentemente reconfortante pugna por salir al exterior, por morir ahogada.

Los semáforos parpadean perezosos iluminando intermitentemente las marcas viales que bailan al ritmo de los neumáticos. Su siseo invita a adormecerse, sin embargo el desfile de edificios ejerce un efecto hipnótico sobre mi.
En la radio Ana Belén destroza el mes de Abril mientras el limpia parabrisas lame pedazos de lluvia que se estrellan en el cristal.

- No te duermas.
- No me duermo.
Rojo.
Nos detenemos.
Su mano se desliza del cambio de marchas a mi muslo.
Siento el impulso de apartársela pero me contengo. Todo sería tan fácil si pudiera quererte.
Sensación de deja vous.
Esta misma escena la vivimos hace años.
No ha cambiado nada.
Sigo mirando las calles desiertas apoyada en el cristal de la ventanilla, y limpio el vaho que no me permite ver como la luz mortecina de las farolas convierte en verde el gris que cubre los árboles de las avenidas.
Arranca.
Dejo de sentir su mirada en mi nuca.
Respiro.
Falta menos para llegar a casa.
El maldito camión de la basura nos hace detener.
- Últimamente no te veo conectada.
- Estoy muy ocupada.
Un relámpago ilumina parcialmente el cielo a lo lejos.
- Tampoco contestas los mensajes al móvil.
- Estoy muy ocupada.
- Eso ya lo has dicho.
- Será que es verdad...
Las luces anaranjadas del camión traspasan las gotitas que caen lastimeras. Las de los cristales también.
Llegamos.
- ¿Llevas las llaves?
- Creo que sí, de todos modos hay luz.
- No empiezo a trabajar hasta la semana que viene. Si encuentras un hueco llámame.
- Lo intentaré.
Tercera mentira de la noche.
El frío me abofetea al salir del coche.
Es una sensación extrañamente gratificante que se esfuma al entrar en casa.
El gato aparece de la nada y se enrosca en mis pies.
Lo cojo en brazos.
- ¿Qué tal el cine?
- Bien
- ¿Seguro?
- Si, mamá. Es por la peli, era muy triste."
FUENTE: Insomnio de Turandot (http://imsomnio.zonalibre.org/)